martes, 19 de mayo de 2020

RONCES-PORT

En un rincón del alma donde se juntan los recuerdos con las esperanzas me encontré ayer en sueños. No sabía si estaba en el pasado o en el futuro. No sabía si en mis sueños había estado en un pasado Roncesvalles o en un futuro Somport, ambos eran montañosos y me evocaban aromas de otros tiempos, de peregrinos de antaño y de esperanzas por descubrir. El caso es que el paraje era una cordillera de las de antes y frente a ella un desierto, pero ni las cumbres tenían nieve ni las arenas dunas. El cielo lo surcaban extrañas naves espaciales muy coloridas lo que hacía de la estampa que pareciera una postal del futuro que recorrería el mundo en un saco de correos del pasado. A la vez, en el suelo había vegetación de la de siempre y vehículos de los nunca aún conocidos. Era una sensación extraña en la que lo único contemporáneo era yo. Sin embargo no me asustaba la incertidumbre de volver a tiempos pasados, de esos que se dice que siempre fueron mejores. Y tampoco tenía temor de estar en tiempos futuros en los que no sabría desenvolverme por no saber cómo había llegado a ellos.
Cuando desperté me ratifiqué en la creencia de que hay que vivir el presente pues es lo único cierto.  Estuve entre el ayer y el mañana. Entre Roncesvalles y Somport. Ahora estoy en el presente. En Ronces-Port. ¡A vivir!



viernes, 15 de mayo de 2020

MADRE TIERRA

Al principio de los principios, cuando eran dulces las aguas del mar, no existían los hombres y ya estaba ella. Me atrevo por ello a decir que es anterior incluso al más supremo ser transcendental que la mente humana pudiera haber creado. Antes del Olimpo de los Dioses, antes de cualquier religión politeísta o monoteísta, antes siquiera de que los filósofos pre socráticos se preguntasen la génesis de todo, ya existía la Madre Tierra. Nos ha visto nacer, crecer y evolucionar y aún cuando fallan la fe, la ciencia y las creencias, ella sigue dándonos su cobijo incluso de formas que no sabemos entender pues, ¿qué sería de nosotros sin ella? Es para quererla, ¿o no?
La imagino como una gran madre con una entrañable cara de bondad dibujada entre la niñez y la vejez, con su melena de amor que ondea al viento jugueteando con Éolo, los vendavales, los huracanes y las leves brisas, con los ojos plácidamente cerrados pues no le hace falta abrirlos para ver los preciosos amaneceres y atardeceres que regala, posicionada entre el mar, la tierra y el cielo y conjuntando en un mismo horizonte no dos sino tres líneas que son iluminadas a la vez por el sol y la luna, dueña y señora de los fértiles campos y las yermas urbes, incesante oyente del trino de los pájaros, el clamor de la tormenta, el crujir de la madera, el germinar de las simientes y el ajetreo de los hombres, mágica, señorial, irrepetible, única, generosa pero con sus límites marcados, sumisa e indómita a la vez,  y, muy importante, nuestra,sobre todo nuestra. Es para quererla, ¿o no? Yo la amo.


martes, 12 de mayo de 2020

LA LUZ DEL AMOR

Llevaba tantos años enclaustrado en su rutina que vivía por inercia. Hacía lustros que dejó de ver la luz al final del túnel del amor, de hecho ya no veía ni el túnel. Y Eduardo no era mala persona, en absoluto. Simplemente no creía en el amor y decía que jamás se enamoraría.  Respetable. Así lo decía él. Pero lo cierto es que jamás lo había experimentado y que el amor es súbito e indominable. No la faltaba la sonrisa en la cara ni la bondad en la actuación, siempre amable y afable en el trato. Tenía educación, un correcto saber estar y sabía adaptar su comportamiento a cualquier registro y situación. Tal vez por ello un día, sin darse cuenta, se saltó su rutina, esa misma que había creado sin ser consciente tampoco. El café de las once de la mañana se demoró porque en el bar de siempre había una camarera nueva en fase de aprendizaje y se retrasaba un poco en su labor. Eduardo no era maniático pero ese día no cumpliría los horarios que le gustaban. Y tampoco lo sabía. A decir verdad no sabía  lo que se avecinaba. Se retrasó en la vuelta a su trabajo quince minutos pues, además de la demora del café, se entretuvo hablando un ratito con Margarita, la nueva camarera. Le sonrió y le cayó bien. Y enfrascado en su trabajó todo se nubló. No veía con claridad la tarea que estaba acometiendo en ese instante. No se centraba. La mente se dispersaba y se desviaba a otra cuestión. Parecía haber entrado en un túnel negro y, al final del mismo, vislumbraba una luz. Era Margarita. Se dio cuenta que la escena iba ganando claridad y le afloraban nervios. ¿Se habría enamorado? ¿En unos minutos y sin querer? Seguramente. Y sin saberlo volvió a ver un túnel y una luz en su final. Hay veces que en la vida se sale del pozo aún sin querer. El amor es luz.

viernes, 8 de mayo de 2020

LA CHICA DE LA VENTANA

Alba tendría veintitantos años. Se pasaba la vida mirando por una ventana hora tras hora. Nadie sabía hacia dónde ni qué buscaba. Sus ojos se ocultaban tras unas grandes gafas de sol, lo que hacía aún más llamativa su estampa para los transeúntes habituales. La gente del barrio se había acostumbrado a verla así día tras día y, aún con esas, no faltaba alguien que la interrogase sobre su afán de observar y la denominase chismosa. Ella parecía no molestarse y seguía fiel a su cita. La ventana era su pasión y a decir verdad debía conocer al dedillo todo lo que desde la misma se otease, ya que pasaba horas y horas mirando desde ella. Alba era así, incombustible, amante del mundo y de disfrutar tras sus gafas de sol asomada a la ventana. Reconozco que hasta que te acostumbrabas a verla fuese la hora que fuese era algo extraño. Y personalmente me resultaba curioso porque oía a la gente emitir juicios de todo tipo sobre ella.
Un día en el turno de reparto me tocó llevar un paquete en su casa. La empresa de transportes en la que trabajo me dio la dirección y el jefe me dijo "donde la chica rara de la ventana". No pude evitarlo y, tras entregar la mercancía, le pregunté a quien me abrió la puerta por Alba. Era su padre. Sonrió ante mi curiosidad y me dijo que si yo también creía que era una cotilla empedernida o que estaba loca. Me encogí de hombros y le dije que era nuevo en el barrio y no lo sabía. Y entonces lo supe. Alba era ciega y sorda de nacimiento. Amaba notar el aire fresco en su cara y soñar con colores y sonidos. Y sólo desde su ventana lo lograba.


lunes, 4 de mayo de 2020

DESCONECTÓ


Floren nunca imaginó vivir algo así. Sonaba todo tan lejano que parecía ser un capítulo más de los libros de historia de segundo de la E.S.O. Aquella pandemia de la Edad Media que arrasó miles de vidas y fue llamada "La Peste Negra". Y ahora, setecientos años después, en un resquicio entre facebook, twitter e instagram se había colado un virus desconocido que estaba haciendo estragos de la peor manera posible. El enemigo era dañino pues no podía verse ni oírse. Y estaba haciendo una masacre vital y sentimental. Al principio se le mencionaba como algo lejano hasta que se le comenzó a poner nombre y apellidos. La suspensión de la boda ya no era de la prima de un amigo de su cuñado, era la de su hermana Cristina. El señor mayor que falleció ya no era el abuelito del cuarto piso del bloque donde vivió Floren cuando era estudiante, era el abuelo de su novia. Y las cosas cambiaban mucho. La mente bullía y los medios y los políticos buscaban lo que más les gusta: la indignación. Encerrado en casa por decreto era víctima fácil de un bombardeo de noticias cuya certeza era discutible.
Y ocurrió. Ni el bien ni el mal son eternos. Al culpable de la pandemia se le derrotaba por hambre. Quedándote en casa no lo alimentabas y su fuerza iba mermando. Tras varias semanas haciendo la guerra al virus desde el hogar y estando dominado por miles de informaciones sin contrastar, parecía que se iba a ir abriendo la veda paulatinamente y, al menos, podría salir al aire libre a pasear. Floren en cuanto tuvo oportunidad salió a la calle. Estaba deseando encontrarse y reencontrarse con todos sus conocidos y, sin embargo, se encontró con quien menos esperaba: consigo mismo. Se dedicó tiempo a él. Sonrió, charló, conversó con su interior y, sí, desconectó.

jueves, 7 de febrero de 2019

YUN-ZA

Veo apenado que a día de hoy la sociedad vive en un estado de irritabilidad constante. Y creo que hemos perdido los dones de la paciencia, la tranquilidad, la amabilidad y el respeto. Hablo de dones y no de virtudes porque a todos nos fueron dados. Pero lamentablemente viene malinterpretándose el refrán antiguo que reza "Si eres yunque aguanta como yunque y si eres maza hiere como maza". Ese dicho de nuestros mayores viene a decir que en la vida habrá veces que estemos arriba y veces que estemos abajo. Sin embargo hay quien obra siempre como si fuera maza sin pensar que también será yunque y entrará en juego otro refrán: "Donde las dan las toman". Se cambiarán las tornas y en vez de invertirse los papeles sin más trascendencia, llegará la venganza. Y con ellas más irritación. Y seguirá todo en bucle. Aguantaremos el momento de ser maza para herir como maza vengativa. Seguiremos perdiendo dones y valores. Y, además, seguiremos perdiendo refranes y dichos que son el legado de nuestros mayores, su sabiduría transmitida y tal vez las instrucciones de cómo vivir de manera que seamos lo más feliz posible. Pienso que deberíamos cambiar el dicho y la actitud: "Si eres yunque aguanta lo que merezcas como yunque y si eres maza hiere sabiendo que serás yunque". A lo mejor así logramos algún día el equilibrio al igual que la naturaleza. Y nos hacemos YunZa. Quién sabe...


martes, 22 de enero de 2019

JUST MARRIED 2.0

Nos quedamos el uno con el otro porque nos mirábamos entre nosotros como nadie nos había mirado. Parece ayer cuando nos conocimos en las fiestas de nuestra capital de provincia y ya han pasado más de cuarenta años. Teníamos veintipico,  no lo recuerdo bien, pero sí recuerdo la ropa que llevabas puesta. ¡Y tu peinado! Una coleta con el flequillo suelto que te daba un toque de chica dulce y guerrera a la vez. Después volvimos cada uno a nuestro pueblo pero ya había prendido el fuego en nuestro interior y comenzamos a rodar kilómetros de vida juntos. Poco a poco fuimos eliminando barreras. La distancia era un obstáculo grande y teníamos que ajustarnos a los horarios de autobús hasta que logré comprar un cochecillo pequeño para poder ir a verte. Las sonrisas no dejaban de aflorar. ¡Lo estábamos logrando! Seguíamos rodando juntos y rompíamos los problemas con la fuerza del amor. Conseguiste un trabajo en la ciudad y yo me fui allí contigo y busqué con ahínco el mío. Lo encontré al fin. Ya no había distancia y tuvimos nuestro primer hogar. Miro para atrás y veo todo lo que luchamos el uno por el otro. Mereció la pena, mi vida. Hace más de cinco lustros que nos dimos el sí quiero. Estamos libres de hipotecas. Hemos tenido hijos y esperamos a nuestro segundo nieto. Y, ¿sabes lo mejor? Que seguimos rodando juntos...