martes, 18 de abril de 2017

CAPERUCITA FEROZ

A todos nos han contado de niños el cuento de Caperucita Roja. Y crecimos con la idea de que la dulce niña que llevaba miel en una cesta a su abuelita era buena y el lobo feroz que la acechaba era malo y aterrador. Y así se ha ido transmitiendo la historia de generación en generación y nadie ha dudado jamás de su veracidad. Pero, ¿qué pasaría si nos paramos a pensar que sólo conocemos la versión de Caperucita? Jamás dimos oportunidad al lobo de hacer un pliego de descargo a su favor. Sería bueno conocer su visión del cuento. Seguramente nos daríamos cuenta que como reza el dicho ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos. Y eso ocurre mucho en nuestro mundo actual, en nuestra vida del día a día. Siempre nos han dicho que tal persona es buena y tal persona es mala y así lo creemos sin más, cayendo en la creencia de opiniones ajenas y sin conocer a ambas. Recordad que en ocasiones a base de repetir una mentira finalmente se convierte en verdad pero que la cultura os hará libres y justos. No juzguéis ni etiquetéis por lo que os cuenten. Vividlo vosotros. Puede que el lobo sea bueno y Caperucita feroz.

miércoles, 5 de abril de 2017

NÁRKIA



Estaba solitaria, triste y cabizbaja en una tienda de regalos y souvenirs del Paseo Marítimo de la Playa de Gandía. Había otra más alta que ella y otra más pequeña. Quizás habría sido ideal llevarse las tres o quizás no se llevasen muy bien. De hecho la grande no cabía en el coche y la pequeña no quedaría bien en su lugar de destino. Y no era plan de adquirir dos y dejar allí sólo a una, máxime sabiendo que la elegida sería feliz en su nuevo hogar. Fuere como fuere sólo vino ella. Se convirtió en un regalo de boda a destiempo y una pieza clave de la decoración del salón. Viajó desde aquella inolvidable y cargada de recuerdos playa mediterránea hasta una urbanización ubicada a las afueras de la manchega capital provinciana de Ciudad Real. Nada más sentirse acogida cambió su rostro por una sonrisa infinita y adaptó su presencia al lugar donde fue recalar. Se sintió querida. Como en casa. Y lo es. En poco tiempo un reloj colorado con forma de cabina de teléfono londinense penderá sobre ella y se convertirá en compañero. Lleva ya seis años oyendo risas de niños jugando en la piscina y se siente identificada con sus añoranzas de infancia levantina. Hoy también escucha más cercanos los gorjeos de un bebé. Cosas que pasan en la vida que demuestran que todo ser vive y siente. Se llamó Nárkia por un guiño del momento que sólo tres personas conocen. Las mismas que la trajeron consigo. Por cierto, se trata de una jirafa de madera. ¿Y saben lo mejor? Que esta historia es real.


lunes, 27 de marzo de 2017

AMARGAS RAÍCES

No sé dónde he visto escritas las palabras "Amargas raíces" pero me han llamado la atención. Quizás suenan a título de telenovela venezolana o a novela de amor imposible, pero a mí me han hecho pensar en la vida misma. ¡Cuánto luchan algunas personas por tener una vida feliz pese a sus malas raíces! Es admirable como una persona que se quedó huérfana de muy pequeña o se ha criado en un ambiente muy malo y hostil o la vida le da un amargo e inmerecido varapalo logra forjar una propia historia ajena a aquellos duros principios y reveses del destino, crear una propia personalidad y vivir honradamente y lo más feliz posible. Y todos conocemos a alguien que nos despierta ese aplauso interno hacia su persona.
Y a la inversa, todos conocemos casos de personas que teniendo el más dulce de los comienzos han zozobrado en su camino y han sido incapaces de retomar el rumbo haciendo de su travesía un desatino. ¿Quién lo diría? Lo tuvieron todo para tener éxito en la vida y saborear el paso de los años felizmente y sin embargo no supieron aprovecharlo. Dulces raíces que se tornaron en espinosos frutos.
Es una forma de decir que las apariencias engañan lo que me han transmitido las palabras "Amargas raíces". En definitiva lo es. Tal vez si hubiera leído "Dulces raíces" no habría imaginado todo esto. Raíces, siempre raíces. Origen, principio, persona y vida.


lunes, 13 de marzo de 2017

EL EMBLEMISTA EMBLEMADO

Pues señor esta es la historia del emblemista emblemado. Érase una vez un escritor aficionado que a través de dibujos de un amigo narraba sentimientos plasmados en postales, conociéndose dichas obras como emblemas de acuerdo a la Historia del Arte. Constaban de imagen y texto y eran indisolubles de modo tal que transmitían en conjunto un mensaje. El escritor emblemista, llamémosle así, jamás imaginó que fuese imagen de un emblema y transmitiera el sentimiento que él plasmaba al escribir. Y sin comerlo ni beberlo fue dibujado un día y se coló en una de las postales convirtiéndose en el emblemista emblemado, en la imagen de uno de sus emblemas. Se dio cuenta al verse reflejado alegremente tecleando que en cada escrito intentaba transmitir ilusión, intriga, emoción, cariño y una moraleja a partes iguales. Trataba de hacer disfrutar a quien viera y leyera aquellas obras. Ilusión por imaginar las caras de los más allegados leyendo aquellas líneas; intriga porque la mayoría de las veces sólo con ver la imagen no adivinarías el texto que la rodea; emoción porque cada obra pellizcaba un sentimiento diferente haciendo vibrar el alma; cariño porque cada emblema llevaba implícito un recuerdo o un retazo autobiográfico a modo de firma y una moraleja para que cada persona no quedase indiferente ante la postal que tuviese delante. Por eso este emblema es un homenaje al emblemista que ha quedado emblemado. Y como él dijera: no olviden que mi texto sin la imagen no vale para nada. Déjense timbrar las cuerdas del alma, empápense de ilusión, vivan con emoción y mantengan la intriga, quien sabe si algún día serán emblema para alguien y les regalen su moraleja. Y eso sí, siempre, siempre, siempre, sonrían, por favor.

martes, 21 de febrero de 2017

MI NIÑA CLAUDIA

Carlos siempre supo cuando conoció a Gemma que era ella la cara de su moneda, su media naranja y su compañera de camino por la vida. Hará no más de una década y si tuviera que elegirla de nuevo lo haría con los ojos cerrados. Él era un joven abogado y ella una joven mercera que se convirtió en el punto de su i, la cordura en su locura, el estribo en su carrera, la calma en su desasosiego y su fuente de esperanza. Y ya no es lo que fuera, sino lo que es y lo que será, además de mujer, amiga y esposa. Juntos comenzaron una vida en común y pasito a paso la andanza de formar una familia. Soñaron con Gonzalo, con Claudia, con Paula y con Jorge. Con un niño costalero y una niña costurera. Como sus papás. Algunos no llegaron porque no sería su hora y porque no tenían que llegar, pero Carlos y Gemma siguieron soñando juntos y recorriendo senderos de constancia. Ya llegarán decía la que vive en San Gil. Siempre en la lucha, siempre en la brecha y siempre remando a un mismo son. Confiaron en que así había de ser y llegó. Muchas lágrimas por las duras cuestas y nuevas ilusiones a zancadas por las rampas de bajada. Carlos siempre dice que al fin y al cabo la vida es caminar. Y Gemma camina con él. Y muy firmemente. Quizás sea mejor peregrina... Ambos son bastón del otro. La promesa fue que si era niña llevaría el nombre de su abuela y los astros así lo quisieron. Un 30 de Mayo dos rayas negras arrojaron un positivo en el test. Desde ese día supieron que se fraguaba la historia de la prometida, de la deseada, de la esperada, de mi niña Claudia. ¡Enhorabuena!


martes, 7 de febrero de 2017

CREO QUE ESO ES EL AMOR

Estaba en el Hospital andando por los pasillos aguardando impaciente la amarga noticia de que el reloj de la vida de mi abuela daba las últimas vueltas en su minutero. Me fijé en otra señora muy mayor y repleta de arrugas de la vida, de guiños de satisfacción y de llantos de desengaños. Sonreía feliz. Llevaba oyéndola días decir que ella ya tenía toda la vida hecha y quería marchar pese a que los médicos le decían que todavía quedaba tiempo. Ella se enfurruñaba y decía que Juan la esperaba y se ponía triste. Pero ese día no. Ese día le dieron la dolorosa noticia de que su partida estaba muy cercana y ella sonreía. La noticia la hizo feliz. Se marchaba con él. "No lloréis por mí -les dijo a sus familiares más cercanos y amigos-, algún día estaremos juntos de nuevo y las lágrimas serán sonrisas como nos pasará hoy al abuelo Juan y a mí. Siempre nos quisimos mucho. Cuando se iban apagando sus ojos para no volver a brillar me dijo que me esperaría de nuevo como siempre habíamos hecho el uno con el otro".Y, así, hablando a sus hijos y nietos, María enmudeció su voz para siempre y marchó. Su rostro ajado por la vida quedó sonriente. La verdad es que Juan y María siempre sonreían al hablar el uno del otro. Incluso en los momentos más duros. Y justo eso, creo que eso es el amor.


martes, 24 de enero de 2017

UN TRIUNFO EFÍMERO

Hoy fluye en mi cabeza la extraña sensación del triunfo mirado desde la meta del objetivo cumplido y, a la vez, el impulso y las ganas de emprender una nueva hazaña. Curioso, ¿verdad? Querido amigo, ponte las gafas de la filosofía para leer estas líneas. ¿Cuánto dura el sabor del triunfo durante la vida? ¿Quizás sea eterno y nos acomode a no luchar por nuevos triunfos o quizás sea tan liviano que nada más conseguirlo ya queramos luchar por él de nuevo? Decía Antonio Machado en unos de sus versos a los que Joan Manuel Serrat puso música que el camino son tus huellas y nada más. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca jamás se ha de pisar. En la vida ocurre igual. El camino se hace día a día con la mente puesta en un objetivo a cumplir y, cuando se cumple, ya no se ha de volver a cumplir ese mismo objetivo, se debe ser consciente de que se ha conseguido y, disfrutando de haberlo logrado, empezar a perseguir otro. Esa es la preciosa aventura de escalar la montaña de la vida. Y ese día a día nos regala dos presentes muy preciados: los recuerdos de lo vivido y la esperanza de lo que estamos por vivir. El triunfo no es el triunfo en sí sino superar el camino hacia él. El camino es intenso y diario, el triunfo es efímero y pasajero. Cumple tus objetivos y márcate otros.