jueves, 19 de abril de 2018

EJERCICIOS DE AMOR

Siempre se ha dicho que al corazón no se le puede dominar. Es consabida la máxima que reza al decir que "uno no elige de quién se enamora" y son conocidas y sufridos por todos las internas batallas cabeza-corazón. No hay debate posible en ello. Sin embargo, una vez caídos en amor (como dicen los británicos) sí que podemos ejercitar nuestro corazón para que mantenga vivo ese sentimiento que emana del mismo hacia todo lo que queremos de verdad: el amor. Hay que cuidar que nunca decaiga la sonrisa de un amigo. Hay que mantener al afecto hacia los familiares más lejanos. Hay que sostener siempre que "madre solo hay una y como la mía ninguna". Hay que demostrarle a nuestra pareja que lo es siempre y no solo a ratos. Hay que fortalecer el corazón para que no se oxide y esté siempre en forma como buen deportista de élite que es y tantos momentos bellos y triunfos nos regala. En definitiva, al corazón no se le puede dominar pero sí moldear. Hay que hacer a diario ejercicios de amor.

martes, 3 de abril de 2018

OBRA DE ARTE

Ayer estaba charlando con un amigo que es profesor de primaria y me decía que sus alumnos hacían verdaderas obras de arte. Incrédulo le preguntaba cómo un niño de siete años podía hacer una obra de arte sin dominar todavía el oficio del buen pintor, del habilidoso imaginero, del prestigioso constructor o del perfeccionista director de cine, por ejemplo. Claro, yo no contaba con que el arte tiene tantos puntos de vista como personas existen y no toda obra ha de encuadrarse en unos cánones preestablecidos. Ignorante de mí estaba acostumbrado a denominar "obra de arte" toda aquella pieza digna de exponerse en un museo. Y eso me explicaba Gustavo. Sus pequeños alumnos crean unas obras merecedoras de causar admiración a quien las contempla, las escucha, las visualiza, las palpa o las saborea. Cada destinatario de las mismas es quien debe apreciarlas y catalogarlas. Me quedé pensando en ello y en los enmarques obligados que impone la sociedad. Nos despedimos y volví a casa. Mi hijo pequeño, todavía más joven que los alumnos de primaria y que no sabe aún ni pintar, me había hecho un dibujo de un gran corazón que decía "Te quiero, papá". Jamás había visto mayor obra de arte. Gustavo tenía razón.

martes, 6 de marzo de 2018

EVOCACIONES

Si hay un sentimiento que a todos nos toca la fibra interna y puede llegar a humedecernos los ojos es la nostalgia evocadora. Y eso es así porque siempre conlleva recordar tiempos pasados que fueron felices o soñar tiempos futuros que nos gustaría que fueran a nuestro gusto. Forma parte de la vida el tener un destino inmanejable que nos depare sorpresas, a veces buenas y a veces malas. Y somos conscientes de ello y de ahí las evocaciones. A veces suspiramos recordando momentos que vivimos felices y, sin saber por qué o incluso sabiéndolo pero sin poder evitarlo, se acabaron. Y otras veces suspiramos anhelando que lleguen momentos que nos dibujamos felices en la mente. Y el pellizco al alma llega a ser total cuando a la evocación del futuro le añadimos la incertidumbre. ¿Llegará? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Quién? Y por más que nos empeñemos en querer contestar los interrogantes resulta imposible pues eso sólo la propia vida ampliamente entendida lo sabe. Y sabemos que es un tópico el "carpe diem" pero igualmente es una rotunda veracidad así es que dejemos de evocar y vivamos. Ya habrá momentos de recordar y de anhelar pero el presente es efímero. Disfrutémoslo. 


martes, 27 de febrero de 2018

EL SONIDO DEL MUNDO

"Son los latidos del corazón los que mueven el mundo" dice la conocida canción de Alazán que todos hemos cantado alguna vez en una fiesta, verbena o feria. Y además del mensaje que se desprende de que el amor es el motor de todo se adivina que el sonido del mismo existe. Y dando otra vueltecita de tuerca se intuye que otros muchos también. ¿Hay algo más bonito que escuchar un corazón cuando habla? Que lo pregunten a una mujer embarazada cuando en la ecografía se oye el latido del bebé que lleva dentro. Y es que el mundo está lleno de sonidos cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos para nosotros porque son tan comunes que forman parte de ese llamado "ruido blanco" que convive pacíficamente con nosotros y al que estamos tan acostumbrados que no prestamos atención. Pero, ¿os habéis parado a escuchar alguna vez la sinfonía de la vida? Es algo maravilloso. El sonido del agua de un arroyo al correr en primavera, el sonido al partir un pan con corteza tostada recién hecho, el sonido de las pisadas de uno mismo en un camino en otoño repleto de hojas caídas, el sonido del crepitar de las llamas de una hoguera... Hay miles de sonidos escondidos que son, sencillamente, deliciosos de escuchar. ¡No os los perdáis! Afinad el oído y disfrutad del sonido del mundo.

miércoles, 14 de febrero de 2018

ALINEADOS Y ALIENADOS

¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cómo ha cambiado la vida! Cuando era niño disfrutaba oliendo el aroma a pan recién horneado que escapaba de los hornos del obrador. Luego disfrutaba corriendo por el Prado de la ciudad con el césped recién cortado mientras pisaba la arena recién regada para levantar frescor. Y jugábamos con el balón en la calle en la que apenas pasaba coches. Llegaba la época de las canicas y el trompo. Y las niñas jugaban a la goma cantando alegres canciones o saltaban la rayuela con agilidad. Todos estábamos alineados con la sociedad y disfrutábamos.
Ahora sentado en un banco de aquel viejo parque miro a los niños jugar mientras doy vueltas a mi garrota apoyada en el suelo. No ríen como nosotros antaño. Sólo miran alternando ojos de picardía con admiración extrañas máquinas pequeñas que portan en sus manos de las que emanan incesantemente luces y sonidos. La comunicación personal entre ellos es prácticamente nula. No veo rodar ningún balón, ni a ningún niño hacer rodar sus canicas por el suelo. Le he preguntado a mi nieta si sabe jugar a la goma y me ha mirado indiferente mientras tecleaba en su maquinita. Todos están alienados con la sociedad y no sé si disfrutan...


viernes, 2 de febrero de 2018

EN MIS LIBROS


Un pueblo que no sabe leer ni escribir es un pueblo fácil de dominar. Lo decía Ernesto "Ché" Guevara y en eso tenía razón. La incultura hace al hombre preso al igual que la cultura lo hace libre. Pablo lo sabía. Y a pesar de que todo o casi todo está escrito en los libros, hay cosas de la vida que uno no sabe dónde buscar. Y eso le ocurría a Pablo. Añoraba ser feliz con una pareja y encontrar a su media naranja pero pasaban los años y no encontraba a la misma. Hubo evocado Dulcineas, princesas de castillos encantados, doncellas de todo tipo, bellas molineras, labriegas, detectives y doctoras. Todo tipo de perfiles amorosos que salían en su amplia colección de libros. Pero no había manera. Por algo que Pablo no comprendía su amor no llegaba. No se daba cuenta de que para él era casi una obsesión indominable que le podía hacer caer hacia un lado u otro del alambre sin que hubiera red debajo. Desesperado pensaba que había buscado su alma gemela hasta escondida en su biblioteca y en realidad allí halló la solución. En un viejo libro de refranes y dichos leyó que "el amor no se busca, se encuentra". Y cuando dejó de buscar, lo encontró. 



miércoles, 24 de enero de 2018

CINE DE AMOR

Aquella noche proyectaban una película de estreno en los cines "Las Vías" de Ciudad Real. Pedro, afligido por el comportamiento de la sociedad con él, compró una solitaria entrada para ver la película en el pase de las diez de la noche de aquel lluvioso viernes de primavera. No era como los demás. No era uno más de la multitud. No le gustaba el fútbol, ni los bares, ni salir de casa simplemente por cumplir con la rutina impuesta de los sábados. Y eso socialmente le pasaba factura en una sociedad regida por los cánones de la normalidad imperante. Pero era una persona como todas las demás. No era raro, era distinto. 
Llovía mucho aquella tarde. Ana decidió salir en compañía de sus pensamientos y su paraguas. Sola con su soledad por no ceñirse a una legislación social no escrita que todo el mundo seguía a pies juntillas. Optó por acercarse al cine y ver la cartelera por si había algo de su gusto. Y lo hubo. Compró su entrada y accedió a la sala. No era una chica extraña, simplemente diferente.
Cuando la sala quedó a oscuras y comenzó la película sólo dos personas estaban en ella. Pedro y Ana. Nadie más de la gente normal quiso ir a ver esa peli de frikis. Al terminar los dos se miraron, sonrieron y entablaron conversación. Algo tenían en común. Mucho. Surgió entre ambos una preciosa historia. Y ese día se creó una película nueva, distinta a lo normal y realmente digna de la mejor cartelera del cine de amor.